Durante la pandemia, especialmente en sus momentos más críticos, muchas empresas intentaron posicionarse como aliadas de la sociedad, ofreciendo servicios que supuestamente apoyaban a los más necesitados. Sin embargo, la realidad de estas acciones no siempre se alinea con sus discursos. Un caso particularmente controvertido es el de Cabify, que ha sido acusado de aprovechar la situación sanitaria para obtener beneficios económicos a través de contratos con el gobierno, mientras que otros sectores, como el del taxi, sufrían pérdidas significativas.
El papel de Cabify en la crisis sanitaria
El Ministerio de Sanidad, ante la emergencia provocada por el COVID-19, decidió movilizar personal sanitario para atender a pacientes que presentaban síntomas del virus. Para ello, se firmó un contrato con la empresa Jobandtalent, que a su vez utilizó vehículos de Transporte con Conductor (VTC), como los de Cabify, para realizar estos traslados.
Este acuerdo, que se formalizó en uno de los picos más altos de la pandemia, se llevó a cabo en un momento en que los taxistas, que tradicionalmente han sido el principal medio de transporte urbano, padecían una drástica caída en sus ingresos debido al confinamiento.
Jobandtalent, conocido por su enfoque en el empleo precario, fue la firma adjudicada para esta operación. Su presidente, un exfundador de Tuenti, ha estado bajo la mira por las duras condiciones laborales a las que se enfrentan los conductores subcontratados por su plataforma.
Detalles del contrato con el Ministerio de Sanidad
A finales de marzo, el Ministerio de Sanidad lanzó una licitación de emergencia para la logística de un programa piloto destinado a la detección del COVID-19. Este contrato, que fue adjudicado sin publicidad ni concurso público, tenía como objetivo principal asegurar que el personal sanitario pudiera trasladarse de manera eficiente a los domicilios de los pacientes.
En el contrato se especificaba que los vehículos debían contar con licencia VTC, lo que abre la puerta a una serie de interrogantes sobre el uso de servicios de empresas como Cabify. A continuación, se destacan algunos puntos relevantes del contrato:
- El adjudicatario debía proporcionar los conductores necesarios para el traslado del personal sanitario.
- Se requería una optimización de las rutas para asegurar la eficiencia en los traslados.
- Se incluyó una cláusula de confidencialidad sobre el manejo de la información relacionada con el proyecto.
Subcontratación de sanitarios y otros servicios
El contrato firmado entre Jobandtalent y el Ministerio de Sanidad también contemplaba que, en caso de ser necesario, el adjudicatario debía captar y gestionar al personal sanitario que llevaría a cabo las visitas a domicilio. Este aspecto resalta el uso de subcontrataciones en un momento crítico, donde se esperaba que los recursos fueran utilizados de manera directa y efectiva.
La duración inicial del contrato fue de un mes y se llevó a cabo en la Comunidad de Madrid, donde también participó personal de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Además, Jobandtalent debía aportar teleoperadores para coordinar estos esfuerzos, lo que representó un coste significativo para el gobierno en un momento de crisis sanitaria sin precedentes.
Cabify y la percepción de solidaridad
A pesar de que Cabify publicitaba su compromiso con el transporte solidario para los trabajadores sanitarios, la realidad de su participación fue muy diferente. La empresa recibió un reconocimiento por parte de la Comunidad de Madrid, el triple identificativo ‘Garantía Madrid’, que supuestamente validaba sus esfuerzos contra el COVID-19. Sin embargo, este reconocimiento se basa en un contrato mercantil que no refleja una auténtica acción solidaria.
Los elementos que componen este reconocimiento incluyen:
- Compromiso en “medidas de cumplimiento” relacionadas con la pandemia.
- Implementación de “medidas extraordinarias” para adaptarse a la situación sanitaria.
- Acciones que, en realidad, no fueron más que acuerdos comerciales.
Impacto en el sector del taxi
Mientras Cabify se beneficiaba de contratos lucrativos, el sector del taxi sufría una fuerte crisis. Con la reducción drástica de la demanda durante el confinamiento, los taxistas enfrentaron un escenario desolador, con pérdidas que aún persisten. Este contraste entre la percepción pública de Cabify como una empresa solidaria y la dura realidad económica de los taxis plantea serias preguntas sobre la justicia de las políticas de apoyo implementadas durante la crisis.
Conclusiones y reflexiones sobre la ética empresarial
El caso de Cabify durante la pandemia pone de manifiesto la complejidad de la ética empresarial en tiempos de crisis. La línea entre la acción solidaria y el interés comercial puede volverse difusa, y es fundamental que las empresas actúen con transparencia y responsabilidad, sobre todo en momentos de emergencia. La comunidad y los gobiernos deben ser críticos y cuidadosos al evaluar las acciones de las corporaciones que buscan capitalizar situaciones difíciles.



